miércoles, 31 de enero de 2018

La culpa es de todos

Existen mil y una cosas por cambiar en el sistema de salud. Es claro que enterarse del cartel de la hemofilia, del cartel del VIH y las más recientes denuncias de pacientes sobre posible cartel del cáncer, "desinfla” a cualquiera que tenga ganas de trabajarle a la salud de este país, pero no es momento de desfallecer.

El desfalco a los dineros de la salud debería ser un crimen severamente castigado. No tengo claro si el Estado colombiano no se ha dado cuenta de que cada centavo que se roban de “la platica de la salud” significa la pérdida de fuerza y del músculo trabajador para el país.

Embarazos en adolescentes que limitan su utilidad para una sociedad que les necesita, diagnósticos y tratamientos tardíos para cáncer que limitan la sobrevida y aumenta la morbilidad, gastos innecesarios al no brindar tratamientos óptimos o no dar continuidad a ellos en las patologías crónicas que llevan a hospitalizaciones innecesarias y prolongadas,  y por último; y siendo más importante, vidas de personas y a cuyos familiares no se les responde.

Pero el problema no son solo “esos que están arriba robándose la plata”, el problema es de cultura, de mera educación que inicia desde el hogar donde es frecuente que sea enseñada la teoría del más vivo: si le dan más de vueltas, no diga nada, si el semáforo esta en rojo pero no viene nadie, pásese, si se puede colar en fila, hágale.

Pacientes que acuden a consulta a reformulación de un medicamento a pesar que tienen “cajadas” en la casa de lo mismo, no se les instruye que el principio del aseguramiento no es que “porque nunca he usado el seguro, ahora que vengo quiero resonancias desde el cráneo hasta el hallux”; no, no es acumulativo, no es reembolsable, no es retroactivo; culpa compartida con algunos profesionales que por miedo a demandas terminan aceptando las peticiones extravagantes de los pacientes. (Cabe aclarar que dicho miedo, si bien justificable, es completamente errado).

Le hemos intentado echar tantas veces la culpa al Estado de los problemas de salud que no vemos en frente de nosotros, pastores de iglesia cuyos ingresos incontables pagan salud sobre el mínimo, tutelas exorbitantes que nuestros jueces conceden, cuando le pedimos a las auxiliares de caja que nos pasen a una cita sin cobrarnos porque somos del personal asistencial, tomar exámenes especializados sin cobros e incluso innecesarios aprovechando calidad de personal administrativo o gerencial en una IPS o EPS, no manteniendo nuestros conocimientos acordes a las necesidades de la población.

Somos la base del sistema de salud y hemos sido silentes ante todas las cosas que nos han arrojado a la cara. Esto gracias a una muy pobre formación en el marco legal que nos rige como profesionales y sobre el cual estamos obligados a responder. Nos formamos en atención hospitalaria y dejamos de lado lo principal, por lo que somos médicos: la atención primaria, evitar que la población se enferme, ser gestores de la salud, ser docentes y aprendices a cada momento.


Los diferentes carteles descubiertos recientemente alarman a la opinión pública y todos abren los ojos y generan desconfianza en todo el sector, pero si no cambiamos desde lo propio, desde lo más pequeño, la fuga de los recursos de salud nunca mejorará. Es hora de educar, no solo en temas asistenciales si no también en temas financieros, tenemos un sistema de salud con recursos limitados y el pretender que se cubra todo, para todos, sin restricciones y sin control, es un sinsentido.

Por: Camilo Contreras M.D
@MDJuanContreras

Caricatura: Safady

jueves, 28 de diciembre de 2017

¿Qué nos dejó el 2017?

Está a punto de terminar el 2017, que pasará como uno de los años más convulsionados en la historia del país.

Firmado el acuerdo de paz, a finales de 2016, esperábamos que el país entrará en otra tónica distinta a la de ver miles de muertos y ataques por parte de la guerrilla. Y aunque el acuerdo de la Habana permitió reducir el número de muertos por esa violencia, que es una buena noticia, la paz lejos de unirnos y nos dividió más.

Es increíble pero así fue. Más allá del resultado del plebiscito por la paz que creíamos superado, este año la división creció y el país se polarizó. La implementación de los acuerdos en el congreso desnudó esa realidad y prácticamente puso a tambalear el proceso.

En conclusión y a pesar de todo, la paz no tuvo un buen 2017 así se haya producido la dejación de armas, la reincorporación  a la vida civil de los guerrilleros y su ingreso a la política. Y no fue un buen año para la paz no sólo porque los proyectos de ley y de reforma constitucional para  la implementación no fueron aprobados en su totalidad, sino porque muchos sapos que se supone habríamos de tragarnos resultaron tan grandes que el pueblo colombiano no sólo no se los tragó sino que los cuestionó.

De otro lado, y terminada parcialmente la guerra, Colombia asistió a uno de los capítulos más oscuros y vergonzosos de su historia. La corrupción hizo su aparición en todo su esplendor.

Por ejemplo, el caso de ODEBRETCH que salpicó a congresistas, a funcionarios del gobierno (así santos haya tratado de minimizar su impacto) y a empresarios.  Fue una rueda que comenzó a andar y aunque las investigaciones avanzan quedan muchos resultados por conocer.

Y que decir del cártel de la toga. La sal se corrompió. Y lo único que una sociedad no puede tolerar ni aceptar, es que los encargados de impartir justicia sean corruptos. Ese es un límite al que no debió llegarse, pero sucedió.

Y en este escándalo resultaron envueltos magistrados de las altas cortes, y para ser más específicos, de la Corte Suprema de Justicia. Pero además están  involucrados abogados, congresistas y otros cuantos más.

2017 sin duda marcará una página única en la historia del país. Que nos deparará el 2018? Sabrá Dios. Pero en todo caso será un año que genera muchas expectativas. Se nos vienen unas elecciones también históricas, como quiera que por primera vez participan las FARC desarmadas, desmovilizadas y en tránsito hacia la consolidación de un proceso que aún deja dudas.

Ojalá hayamos aprendido algo porque si seguimos por la senda que vamos el país seguirá inevitablemente hacia el despeñadero.

Y como para atizar el fuego el Presidente Santos nos dejó dos frases para cierre el año: Colombia tiene una enfermedad mental que solo le permite ver las noticias malas y calificó a detractores y críticos  del proceso de paz como "traumatizados".  No creo que eso ayude mucho en la reconciliación entre los colombianos, al contrario, hace que la hoguera crezca y de pronto el presidente termine  más chamuscado en las encuestas.

Así termina el año... 


Caricatura: Ricky


viernes, 1 de diciembre de 2017

¿Un nuevo conejo?



En un hecho que trajo a la memoria lo sucedido el 2 de octubre del año pasado cuando el NO ganó el plebiscito para la refrendación popular de los Acuerdos de la Habana, el Gobierno Nacional “revivió” la Reforma Constitucional que crea las 16 Circunscripciones Especiales para la Paz que garantiza el mismo número de curules para las víctimas en la Cámara de Representantes, aunque para el Senado el proyecto se hundió.
 
Todo comenzó cuando el Secretario del Senado, Gregorio Eljach dio a conocer cómo quedó la  votación: “El resultado según el registro electrónico es el siguiente: por el SI, 49 votos electrónicos un voto manual del Senador Gerlein, 50 por el SI y 7 por el NO, no se cumplen los requisitos que establece la Constitución…” y la sesión continuó con los siguientes puntos en el orden del día por orden del presidente de la Corporación Legislativa Efraín Cepeda.


Congresistas del Centro Democrático, así como varios senadores de los partidos Liberal y Conservador celebraron el hundimiento del proyecto. Durante la discusión del proyecto argumentaron que las 16 curules previstas para las víctimas del conflicto quedarían realmente en manos de sus victimarios, las fuerzas políticas tradicionales, grupos armados ilegales y el narcotráfico, entre otros. 


 En las toldas del gobierno y de su coalición reconocieron la derrota. El Ministro del Interior Guillermo Rivera declaró: “Un grupo de senadores le falló a la paz en Colombia. Esta es una afrenta contra las víctimas. El Congreso tenía un compromiso de Estado que cumplir y lo ha incumplido. Deploro al grupo de senadores que votaron negativamente, a los que no quisieron votar y a quienes votaron la JEP, pero no este proyecto, porque lo que hicieron fue borrar con el codo lo que hicieron con la mano”.


Mientras tanto el Senador Armando Benedetti en su cuenta de Twitter escribió: “La conciliación de Circunscripciones Especiales de Paz fue una pena para el gobierno. Las conclusiones son que la implementación fracasó y que Colombia no tiene premio nobel de paz”, Roy Barreras hizo lo propio: “Pido al gobierno en nombre de las 8 millones de víctimas y de quienes firmamos esta paz que provea las curules de paz por estado de excepción!”.


Después de hundido el proyecto surgió un salvavidas. Inicialmente Roy Barreras Barreras expuso la tesis según la cual la mayoría absoluta se debía decidir sobre 99 senadores y no sobre 102, cifra legal que compone a dicha corporación teniendo en cuenta la silla vacia aplicada por la captura de los congresistas Musa Besaile, Bernardo Ñoño Elías y Martín Morales. De inmediato trino: “¡Ojo! ¡Alerta! El quórum de víctimas no era sobre 102 sino sobre 99. ¡Sí se aprobaron las curules de las víctimas!”.


Más tarde el gobierno acogió esa teoría y así se lo hizo saber el Ministro del Interior en su cuenta: “La Corte en sentencia C-784/14 definió de manera clara cómo se configura la mayoría absoluta cuando hay miembros impares en congreso, como en este caso con los actuales miembros del @SenadoGovCo. Mayoría absoluta es frente a los integrantes del @SenadoGovCo , hoy solo hay 99 senadores habilitados. La mayoría son 50 votos, es decir se aprobaron las #CircunscripcionesDePaz”.


Para confirmar esa tesis, radicó una carta dirigida a la Mesa Directiva del Senado en la que relacionó  las  sentencias de la Corte Constitucional (la C-784 de 2014 y la SU221 de 2015) en las que se explica cómo se conforman las mayorías cuando el número de integrantes de la corporación es impar, como sería el caso actual del Senado. En términos matemáticos, la mitad de un número impar es un número decimal.


 “Lo relevante para constatar el porcentaje de la mayoría es que ésta agrupe más de la mitad de los votos. En consecuencia, cuando la mitad aritmética es un número con decimal, la mayoría la constituye el número entero superior”. Para fortalecer dicho argumento, también se acudió a la definición de mayoría absoluta que contempla la Ley Quinta de 1992 (o Reglamento del Congreso), que determina que “la decisión es adoptada por la mayoría de los votos de los integrantes”. Según esa teoría, la mitad de 99 es 49,5. Aproximando dicha cifra al número siguiente, da 50 votos.  A pesar de ese argumento, la aprobación del proyecto se mantiene en vilo por cuanto una decisión solo se tomará la próxima semana. 


Mientras tanto, los detractores de las circunscripciones mantienen su posición sobre su hundimiento. Entre otras razones porque la sentencia referida no aplica a este caso por cuanto la Corte Constitucional se refería a la verificación de mayorías en las comisiones del congreso y no en las plenarias y porque, en ese fallo no se señala que la silla vacía permite reducir la mayoría necesaria para aprobar un proyecto. En su concepto el proyecto no se salvó.


Al tiempo que señalan que debe haber una distinción entre quórum y mayoría.  Quorum es el número de personas presentes en una reunión. Mayoría quienes integran la totalidad de la corporación. Citan para el efecto la Reforma al Equilibrio de Poderes que establece que en caso de aplicarse la silla vacía se afecta el quorum de la corporación y no las mayorías requeridas para aprobar un proyecto. “Para efecto de conformación del quorum se tendrá como número de miembros la totalidad de los integrantes, es decir, se refiere a quorum y no a mayoría”, por lo que se debería aplicar el artículo 375 de la Constitución Política que se refiere a la mitad más uno. Si aplicamos lo dicho Senado es claro que ese número es de 52 y no de 50. Esto significa que se hundió.


Hay que tener en cuenta, además, que en la sesión plenaria del Senado del 21 de noviembre pasado, la conciliación del proyecto tuvo 38 votos a favor y 16 en contra, es decir ya había sido rechazada. 


Así las cosas, no hay que darle más vueltas al asunto, las 16 circunscripciones de paz no fueron aprobadas y es necesario pensar en otras alternativas. ¿Por qué no pensar en otorgarlas directamente a las víctimas como sucede con las curules a las Farc (10)? ¿Por qué tiene que ser mediante elección?  Ese si sería un verdadero reconocimiento a las víctimas estar en igualdad de condiciones de sus victimarios. 

martes, 26 de septiembre de 2017

Dejar las mezquindades



Se abre paso y esperamos que no sea un sueño frustrado, la construcción del metro de Bogotá. Por más de 60 años hemos tenido que vivir con una falsa ilusión, con anuncios, maquetas, animaciones y cheques sin fondos, pero el anuncio del Consejo de Política Económica y Social, CONPES de declarar a la primera línea del metro de Bogotá como ‘de importancia estratégica’ abre la posibilidad, esperamos real, a que esta vez, por fin, la ciudad contará con esta importante obra.


No hay más márgenes de espera, no puede haber más ilusiones perdidas, este es el momento no sólo porque el documento CONPES abre una ventanita sino porque es una necesidad. Se requiere de su construcción para brindarle a los usuarios una alternativa que complemente el actual esquema de manera que se incluya a los articulados de Transmilenio y el Sistema Integrado de Transporte Público, SITP. 


Aunque el anuncio es positivo, no faltan quienes lo ponen en entredicho. Lamentablemente son sectores que durante los últimos tres gobiernos en Bogotá, no solo no hicieron sino que ahora no quieren dejar hacer. Son posiciones mezquinas y, en algunos casos, politiqueras.


El argumento es que no hay estudios que soporten la construcción del metro elevado y sustentan su posición en que la administración Petro si tenía los estudios para que este fuese subterráneo. Planeación Nacional fue claro en advertir que el CONPES fue aprobado porque la compañía Systra contratada por la Financiera de Desarrollo Nacional hizo un estudio socioeconómico que permitió determinar la viabilidad del proyecto.


Ese operador de fama mundial y experto en temas de metros tuvo en cuenta variables como la reducción en tiempos de desplazamiento, reducciones en accidentalidad, reducciones en contaminación para conceptuar que el metro elevado no solo era viable sino que frente al metro subterráneo era económicamente más factible debido a la devaluación de la tasa de cambio que generaba costos potencialmente adicionales. Se concluyó que, en esas condiciones, de construirse el proyecto anterior solo alcanzaría hasta la calle 53 y no hasta la 100 como estaba previsto.


De manera que la viabilidad del proyecto existe y así lo determina el estudio al que nos referimos anteriormente. Ya se surtieron dos pasos fundamentales: las aprobaciones del CONFIS y el CONPES, solo falta que el Concejo de Bogotá apruebe las vigencias futuras para que la Nación y el Distrito firmen el convenio de cofinanciación que de vía libre a la apertura de la licitación. 


Este proceso debe surtirse antes del 11 noviembre fecha en la que entra en vigencia la ley de garantías. Esperamos que el Concejo no sea inferior a su responsabilidad y no se convierta en una talanquera que ponga en riesgo la ejecución de esta necesaria obra que podría iniciarse en el 2019 y demorar unos cinco años. Tal como lo prevé la ley el Gobierno Nacional deberá financiar el 70% del proyecto, es decir, 9.09 billones de pesos, mientras que el Distrito pondrá el 30% restante equivalente 3.86 billones de pesos. El costo total de la obra es de 12.94 billones de pesos.


Según el documento CONPES de los 12,94 billones, 6,93 billones serán para las obras civiles, el viaducto, el patio taller y vías. El costo del material rodante se estimó en 3,93 billones de pesos y la gestión social y de predios, en 1,43 billones. El traslado anticipado de redes de servicios se calcula en 291.237 millones de pesos y la interventoría, en 366.391 millones de pesos.


El metro elevado tendrá en su primera fase  una extensión de 23,96 kilómetros y contará con 15 estaciones, 10 de ellas integradas a Transmilenio e iría desde la Avenida Villavicencio hasta la calle 72 con Avenida Caracas. Se trata de un proyecto que complementará la red de Transmilenio a la que se sumarán próximamente las troncales de la Avenida 68, la Avenida Boyacá y la Avenida Ciudad de Cali y el Sistema Integrado de Transporte, SITP.


Bogotá requiere con urgencia un sistema eficiente de transporte público  y el metro es un aporte importante en ese propósito. No podemos actuar en este momento con mezquindades ni oportunismos politiqueros tratando de desvirtuar un proyecto necesario bajo el supuesto de que la propuesta del anterior gobierno de Bogotá era mejor. 


Se ha dado un paso fundamental con el documento CONPES no desaprovechemos esa oportunidad. La ciudad no aguanta más promesas, ni estudios, ni maquetas, ni frustraciones. Es hora de unirnos en torno a una obra que debe contribuir a solucionar el problema de movilidad en la ciudad, pero sobre todo para mejorar el servicio a los usuarios.