Así no es

El país asiste a una tragedia que enluta 4 familias víctimas de la irracionalidad y la demencia de un grupo terrorista que no ha podido entender, en medio de su terquedad, que no representa a nadie, salvo a sus propios intereses.

A lo largo de estos 14 años las familias esperaron ver regresar con vida a sus hijos, padres, o hermanos, pero una orden irracional y cobarde no les permitió cumplir ese sueño. Asesinar a unos secuestrados a mansalva es un delito de lesa humanidad que merece la pena máxima prevista.

Pero además de acompañar la tragedia de 4 estas familias, el país asiste a un debate sobre el rescate militar de secuestrados, las marchas contra la guerrilla y una salida negociada. Todos estos puntos de discusión sobre la base de un objetivo claro: acabar por fin con el flagelo del secuestro e incluso la violencia que nos ha acompañado por varias generaciones.

1.      Rescate militar de secuestrados. Es, sin duda, uno de los principales puntos de divergencia porque el Estado tiene la obligación constitucional de acudir a este mecanismo para lograr el rescate de personas que están en poder los grupos ilegales sin importar su origen. 

Aunque el Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón dijo que se trató de una operación de búsqueda y localización de secuestrados no de un operativo de rescate, parece haber quedado latente una discusión sobre esa muy delgada línea entre los dos conceptos. Y lo es más, en el entendido que familiares de los militares y policías secuestrados han dicho en muchas ocasiones que se oponen a esa solución. 

La discusión no tendrá un final único porque de la misma manera como se han presentado rescates militares absolutamente exitosos como “Jaque” o “Camaleón”, por mencionar solamente dos, los ha habido dolorosos como el de “Urrao”, que dejó como resultado la muerte de secuestrados. Es un dilema difícil de resolver y, seguramente los amigos o detractores de este procedimiento cambiarán o mantendrán su opinión, dependiendo única y exclusivamente del resultado final de una operación de este tipo, que en todo caso no se puede prever.

Y más complicado aún cuando hay un testimonio como el del Sargento Erazo quien en Caracol Radio dijo “Ellos (los guerrilleros) decían que sí corríamos con ellos no nos pasaba nada, mis compañeros hicieron eso y los mataron”.

2.      Marchas contra la guerrilla. El 4 de febrero de 2008 se realizó la más grande expresión de rechazo a las farc, a través de marchas en todos los rincones del país. Colombia se manifestó, millones de voces se escucharon y se dio muestra de repudio a una grupo que está a espaldas de la opinión pública. 

La discusión se centra entonces en que si bien millones de colombianos protestaron, que cambió? Las farc dejaron de secuestrar?, dejaron de cometer actos terroristas?, dejaron de reclutar menores de edad?, dejaron la práctica del aborto entre sus filas?, dejaron de sembrar minas antipersona? Y muchas más preguntas de estas podríamos hacernos. 

A ese grupo no le importa que la sociedad se manifieste en su contra, tiene una agenda propia de muerte y desolación, entonces otra marcha como la convocada el próximo 6 de diciembre a la que llamaríamos “marcha por la paz y la libertad” acogiendo una propuesta de @carolitaespejo (#marchaporlaPazylaLibertad para efectos del twitter), que impacto real tendría en las filas guerrilleras? 

Es un dilema muy grande pero no hay manera de decir que no se realice, ya que nosotros como sociedad estamos cansados de estos actos. Ojalá  y lo único que uno espera es que, finalmente, las voces de millones de colombianos sean escuchadas en la selva para que cese tanto dolor.

3.      Salida negociada. Lo que se percibe es que abrir la puerta a un eventual diálogo en las condiciones actuales parece ser una utopía, no sólo porque con el asesinato de los 4 miembros de la Fuerza Pública el margen se cerró, sino porque en el pasado nunca ha habido verdadera voluntad. Ejemplos hay muchos, como los diálogos de Tlaxcala, Caracas y la malograda zona de distención.

De manera que apostarle en este momento a ese camino es difícil, sobre todo porque hoy, salvo unas cuantas voces aisladas, nadie le cree a la guerrilla ni hay quien le apueste a unas negociaciones serias bajo condiciones obvias como la liberación de todos los secuestrados: militares, policías y civiles, así como el cese de actos terroristas. La llave de esta puerta parece estar pérdida.

De manera que si bien hay dilemas por resolver, lo único cierto es que el crimen atroz de los 4 uniformados y mantener secuestrados a militares, policías y civiles por tantos años, más los actos terroristas que afectan a todos los colombianos nos lleva a decirle a los jefes guerrilleros que definitivamente ese no es el camino y que ASI NO ES…

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
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Anónimo ha dicho que…
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