jueves, 8 de noviembre de 2012

Paz armada




Definitivamente el proceso de paz que se inició en Oslo, Noruega entre el gobierno Santos y las FARC se va a adelantar en medio del fuego cruzado a pesar que una gran parte de la sociedad pidió que este se adelantara con un cese unilateral de hostilidades.

Los jefes guerrilleros enviaron un mensaje claro al país durante su intervención en la apertura de la mesa: vamos hacia el mantenimiento de su accionar terrorista con muertos y heridos, tanto civiles como miembros de las fuerzas militares y de policía, mientras se negocia la paz.

Y lo han demostrado después de abiertas las negociaciones. Han seguido con su lucha frontal contra el Estado, a través de acciones que han afectado varios departamentos, queriendo demostrar que se mantienen vigentes y con un poder suficiente para exigir  en la mesa de diálogo.

Se nos vendió la idea desde el Gobierno Nacional y de sus Fuerzas Militares que estábamos frente a un grupo terrorista debilitado, lo suficientemente golpeado como para creer que  prácticamente sentados en la mesa de negociaciones, la firma de la paz iba a ser un acto protocolario.

Pero no fue así, no solo asistimos a la continuación de la acción terrorista, sino que sus jefes, convertidos en negociadores, le notificaron al país que están allí para seguir combatiendo al Estado. Nos advirtieron que lo que no han logrado por las armas lo buscarán en una negociación aunque no sorprende porque se trata de un discurso que les conocemos desde hace muchos años, ya que  lo repiten en cada una de las fallidas negociaciones de gobiernos anteriores.

El mensaje no fue nuevo, al contrario, se tornó más  radical  y es poca la confianza que hoy tenemos en el desenlace de estos diálogos. Se mostraron más desafiantes y lo más preocupante, mientras el presidente Santos habló de tiempos cortos, las FARC plantearon tiempos indefinidos.

Así las cosas sería bueno saber realmente hacia dónde vamos en este proceso: dilación para fortalecerse militarmente y ganar un espacio político perdido hace varios años, una nueva frustración o un gobierno fuerte, capaz de hacer que años de violencia se acaben, pero sin ceder ni negociar la democracia y el Estado.

Es claro que se necesitan cambios estructurales para que se garantice un verdadero acceso a la educación, la salud, la vivienda para que haya igualdad de oportunidades.  Aunque se han hecho avances, se necesita que los colombianos, especialmente, los niños y jóvenes tengan acceso a esos derechos constitucionales. , de manera que se le quite gran parte del discurso con el que justifican su accionar terrorista.

En la Habana lo que esperamos es que las instituciones se salvaguarden y que la democracia a pesar de sus defectos se mantenga y no vayamos a un nuevo desafío terrorista que nos haga caer definitivamente en el vacío.

@jcontrerasa