martes, 26 de septiembre de 2017

Dejar las mezquindades



Se abre paso y esperamos que no sea un sueño frustrado, la construcción del metro de Bogotá. Por más de 60 años hemos tenido que vivir con una falsa ilusión, con anuncios, maquetas, animaciones y cheques sin fondos, pero el anuncio del Consejo de Política Económica y Social, CONPES de declarar a la primera línea del metro de Bogotá como ‘de importancia estratégica’ abre la posibilidad, esperamos real, a que esta vez, por fin, la ciudad contará con esta importante obra.


No hay más márgenes de espera, no puede haber más ilusiones perdidas, este es el momento no sólo porque el documento CONPES abre una ventanita sino porque es una necesidad. Se requiere de su construcción para brindarle a los usuarios una alternativa que complemente el actual esquema de manera que se incluya a los articulados de Transmilenio y el Sistema Integrado de Transporte Público, SITP. 


Aunque el anuncio es positivo, no faltan quienes lo ponen en entredicho. Lamentablemente son sectores que durante los últimos tres gobiernos en Bogotá, no solo no hicieron sino que ahora no quieren dejar hacer. Son posiciones mezquinas y, en algunos casos, politiqueras.


El argumento es que no hay estudios que soporten la construcción del metro elevado y sustentan su posición en que la administración Petro si tenía los estudios para que este fuese subterráneo. Planeación Nacional fue claro en advertir que el CONPES fue aprobado porque la compañía Systra contratada por la Financiera de Desarrollo Nacional hizo un estudio socioeconómico que permitió determinar la viabilidad del proyecto.


Ese operador de fama mundial y experto en temas de metros tuvo en cuenta variables como la reducción en tiempos de desplazamiento, reducciones en accidentalidad, reducciones en contaminación para conceptuar que el metro elevado no solo era viable sino que frente al metro subterráneo era económicamente más factible debido a la devaluación de la tasa de cambio que generaba costos potencialmente adicionales. Se concluyó que, en esas condiciones, de construirse el proyecto anterior solo alcanzaría hasta la calle 53 y no hasta la 100 como estaba previsto.


De manera que la viabilidad del proyecto existe y así lo determina el estudio al que nos referimos anteriormente. Ya se surtieron dos pasos fundamentales: las aprobaciones del CONFIS y el CONPES, solo falta que el Concejo de Bogotá apruebe las vigencias futuras para que la Nación y el Distrito firmen el convenio de cofinanciación que de vía libre a la apertura de la licitación. 


Este proceso debe surtirse antes del 11 noviembre fecha en la que entra en vigencia la ley de garantías. Esperamos que el Concejo no sea inferior a su responsabilidad y no se convierta en una talanquera que ponga en riesgo la ejecución de esta necesaria obra que podría iniciarse en el 2019 y demorar unos cinco años. Tal como lo prevé la ley el Gobierno Nacional deberá financiar el 70% del proyecto, es decir, 9.09 billones de pesos, mientras que el Distrito pondrá el 30% restante equivalente 3.86 billones de pesos. El costo total de la obra es de 12.94 billones de pesos.


Según el documento CONPES de los 12,94 billones, 6,93 billones serán para las obras civiles, el viaducto, el patio taller y vías. El costo del material rodante se estimó en 3,93 billones de pesos y la gestión social y de predios, en 1,43 billones. El traslado anticipado de redes de servicios se calcula en 291.237 millones de pesos y la interventoría, en 366.391 millones de pesos.


El metro elevado tendrá en su primera fase  una extensión de 23,96 kilómetros y contará con 15 estaciones, 10 de ellas integradas a Transmilenio e iría desde la Avenida Villavicencio hasta la calle 72 con Avenida Caracas. Se trata de un proyecto que complementará la red de Transmilenio a la que se sumarán próximamente las troncales de la Avenida 68, la Avenida Boyacá y la Avenida Ciudad de Cali y el Sistema Integrado de Transporte, SITP.


Bogotá requiere con urgencia un sistema eficiente de transporte público  y el metro es un aporte importante en ese propósito. No podemos actuar en este momento con mezquindades ni oportunismos politiqueros tratando de desvirtuar un proyecto necesario bajo el supuesto de que la propuesta del anterior gobierno de Bogotá era mejor. 


Se ha dado un paso fundamental con el documento CONPES no desaprovechemos esa oportunidad. La ciudad no aguanta más promesas, ni estudios, ni maquetas, ni frustraciones. Es hora de unirnos en torno a una obra que debe contribuir a solucionar el problema de movilidad en la ciudad, pero sobre todo para mejorar el servicio a los usuarios.

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