La culpa es de todos

Existen mil y una cosas por cambiar en el sistema de salud. Es claro que enterarse del cartel de la hemofilia, del cartel del VIH y las más recientes denuncias de pacientes sobre posible cartel del cáncer, "desinfla” a cualquiera que tenga ganas de trabajarle a la salud de este país, pero no es momento de desfallecer.

El desfalco a los dineros de la salud debería ser un crimen severamente castigado. No tengo claro si el Estado colombiano no se ha dado cuenta de que cada centavo que se roban de “la platica de la salud” significa la pérdida de fuerza y del músculo trabajador para el país.

Embarazos en adolescentes que limitan su utilidad para una sociedad que les necesita, diagnósticos y tratamientos tardíos para cáncer que limitan la sobrevida y aumenta la morbilidad, gastos innecesarios al no brindar tratamientos óptimos o no dar continuidad a ellos en las patologías crónicas que llevan a hospitalizaciones innecesarias y prolongadas,  y por último; y siendo más importante, vidas de personas y a cuyos familiares no se les responde.

Pero el problema no son solo “esos que están arriba robándose la plata”, el problema es de cultura, de mera educación que inicia desde el hogar donde es frecuente que sea enseñada la teoría del más vivo: si le dan más de vueltas, no diga nada, si el semáforo esta en rojo pero no viene nadie, pásese, si se puede colar en fila, hágale.

Pacientes que acuden a consulta a reformulación de un medicamento a pesar que tienen “cajadas” en la casa de lo mismo, no se les instruye que el principio del aseguramiento no es que “porque nunca he usado el seguro, ahora que vengo quiero resonancias desde el cráneo hasta el hallux”; no, no es acumulativo, no es reembolsable, no es retroactivo; culpa compartida con algunos profesionales que por miedo a demandas terminan aceptando las peticiones extravagantes de los pacientes. (Cabe aclarar que dicho miedo, si bien justificable, es completamente errado).

Le hemos intentado echar tantas veces la culpa al Estado de los problemas de salud que no vemos en frente de nosotros, pastores de iglesia cuyos ingresos incontables pagan salud sobre el mínimo, tutelas exorbitantes que nuestros jueces conceden, cuando le pedimos a las auxiliares de caja que nos pasen a una cita sin cobrarnos porque somos del personal asistencial, tomar exámenes especializados sin cobros e incluso innecesarios aprovechando calidad de personal administrativo o gerencial en una IPS o EPS, no manteniendo nuestros conocimientos acordes a las necesidades de la población.

Somos la base del sistema de salud y hemos sido silentes ante todas las cosas que nos han arrojado a la cara. Esto gracias a una muy pobre formación en el marco legal que nos rige como profesionales y sobre el cual estamos obligados a responder. Nos formamos en atención hospitalaria y dejamos de lado lo principal, por lo que somos médicos: la atención primaria, evitar que la población se enferme, ser gestores de la salud, ser docentes y aprendices a cada momento.


Los diferentes carteles descubiertos recientemente alarman a la opinión pública y todos abren los ojos y generan desconfianza en todo el sector, pero si no cambiamos desde lo propio, desde lo más pequeño, la fuga de los recursos de salud nunca mejorará. Es hora de educar, no solo en temas asistenciales si no también en temas financieros, tenemos un sistema de salud con recursos limitados y el pretender que se cubra todo, para todos, sin restricciones y sin control, es un sinsentido.

Por: Camilo Contreras M.D
@MDJuanContreras

Caricatura: Safady

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