¿Para dónde vamos?

Colombia atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su historia. Y, aunque hemos salido de muchas situaciones que parece que nos iban a llevar al fondo del abismo, las superamos, avanzamos y volvimos a sacar la cabeza del hoyo.

Pero hoy nos llenamos nuevamente de pesimismo, de incertidumbre, de rabia, de dolor. Nos sacude una pandemia que en las últimas dos semanas dejó cerca de 8.000 personas muertas (84.724 desde que apareció el coronavirus en Colombia). Este domingo se sumaron 21.669 nuevos contagios (3.232.456 en total). Familiares, amigos, conocidos se han sido sumando a esa lista. Duele el alma.

Aunque la vacunación ha avanzando, lo que vemos estos días es que mucha gente no quiere entender, no se da por aludida, el egoísmo parece haberlos poseído, no miden consecuencias y ponen en riesgo a los demás. Es cierto que hay cansancio por las medidas restrictivas porque eso ha llevado a la pérdida de empleos, a una reactivación de la economía más lenta y la desconfianza ciudadana sobre su futuro.

En números precisos, en marzo del año en curso, la población desocupada en Colombia fue de 3,4 millones de personas, 468 mil más que en marzo del 2020, según cifras del propio gobierno. De hecho, el desempleo en marzo fue 14,2% en el total nacional, para el mismo mes del 2020, la cifra se ubicó en 12,6%.  Sin embargo, frente a febrero del fue menor. En ese mes fue de 15,9%.

Pero, ¿Colombia es el único país que se ha visto afectado? No. Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, “la región de América Latina y el Caribe perdió 26 millones de empleos como consecuencia de la pandemia, e inició 2021 con un panorama laboral complejo agravado por nuevas olas de contagios y lentos procesos de vacunación que hacen más inciertas las perspectivas de recuperación en los mercados de trabajo”.

“Las perspectivas de recuperación económica para 2021 son modestas y aún muy inciertas, por lo que las expectativas acerca de una posible reversión de la situación crítica del mercado de trabajo deberían ser muy cautelosas”. https://www.ilo.org/americas/sala-de-prensa/WCMS_779116/lang--es/index.htm#:~:text=Lima%20%E2%80%93%20La%20regi%C3%B3n%20de%20Am%C3%A9rica,los%20mercados%20de%20trabajo%2C%20destac%C3%B3

 “¿Mal de muchos consuelo de tontos?”, no se trata de eso. Se trata de mirar también qué está pasando alrededor. Nuestro entorno está igual o peor. La pandemia nos afectó a todos no solo en vidas humanas sino en el desarrollo de la economía, en la pérdida de puestos de trabajo y en las dificultades para acceder a nuevos empleos, ya de por si una situación grave antes del coronavirus.

De manera que no es conformarnos y creer que no se puede hacer más. Claro que sí, pero siendo realistas. Recientemente el Banco de la República redujo a 3% su proyección de crecimiento económico para 2022. Estimó que el Producto Interno Bruto de Colombia crecerá entre un 1% y un 5% en 2022, con un 3% como la cifra más probable. El emisor había pronosticado previamente un crecimiento de entre 2% y 6% para 2022, con un 3,6% como la cifra más probable.

Entre tanto, el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento de América Latina y el Caribe se proyecta en 4,1% para este año, mientras que en 2022 se ubicaría en 2,9%. La organización señala que, en países como Brasil y México, se prevén incrementos de 3,6% y 4,3% en 2021, respectivamente.

De manera que no estamos en una buena situación. Ningún país lo está. Eso es importante tenerlo en cuenta a la hora de mirarnos internamente.

Y aquí nos metemos con otras de las situaciones que también nos afecta y está generando mucha incertidumbre. Se va a completar un mes de protestas en las calles, que si bien han tenido algunas razones justificables otras no las han sido tanto mirando el entorno internacional como vimos anteriormente.

Pero más allá de esa mirada, vale la pena preguntarse si mantener a las gentes en la calle, bajo el derecho a la protesta, lejos de solucionar está produciendo el efecto contrario, porque si bien es válida constitucionalmente, ¿lo es frente a la situación de la pandemia y en relación con la situación global que enfrentamos?

Me dirán que había razones suficientes, sí. La controvertida Reforma Tributaria se retiró sin siquiera comenzar la discusión en el Congreso de la República. ¿Victoria ciudadana? ¿Presión mediática? ¿Aprovechamiento político? ¿Todas las anteriores? 

Lo cierto es que en momentos como el actual en el que los colombianos enfrentamos una difícil situación económica, proponer IVA a productos de la canasta familiar, entre otras medidas no era lo más conveniente y, en eso, se equivocó el Gobierno, pero ¿y el resto de la reforma?  En un país en crisis hay que buscar recursos, no tenerlos es ahondar el hueco fiscal y no poder cumplir con los programas sociales, esos mismos que se reclaman en las calles.

La oposición se fue por el camino del facilismo, no discutir la reforma en su escenario natural, el Congreso de la República, sino azuzar a la gente, sacarla a las calles, convertirse en protagonistas principales aprovechando las redes sociales para crear un discurso fácilmente vendible. ¿Que están en el derecho de hacerlo?, por su puesto que sí, ¿conveniente en medio de la situación de salud pública? Por supuesto que no. 

Y en medio de ese aprovechamiento politiquero de la situación, apareció el vandalismo y el desorden que deben ser investigados y castigados. Pero también aparecieron los excesos de algunos miembros de la Fuerza Pública, que deben ser investigados y castigados.

Así como se responsabiliza al Gobierno de esos excesos, los organizadores de las protestas deben responder por el vandalismo y el desorden, porque ¿cómo para algunas situaciones son casos aislados y para otros no? 

Frente a este panorama de incertidumbre, desolación y de no saber qué va a pasar, vale la pena preguntarse ¿para dónde vamos?





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